domingo, 6 de septiembre de 2009

EL SALAR DE UYUNI. BOLIVIA

La fiebre del litio llega al altiplano de Bolivia
El Salar de Uyuni, en los Andes bolivianos.
Rory Carroll Andres Schipani (The Guardian/elmundo.es) Salar de Uyuni (Bolivia)
En medio del Salar de Uyuni, el mayor desierto de sal del mundo, la primera palabra que viene a la cabeza es «nada». No hay nada hasta donde alcanza la vista. Ni un árbol, ni un arbusto; ni un altozano ni un valle, nada más que una interminable superficie de intenso color blanco.
El Altiplano salobre de Bolivia, en el corazón de los Andes y sin salida al mar, es un territorio áspero y sobrecogedor. Desde los tiempos de los incas, la humanidad no ha dejado muchas huellas. Eso podría estar a punto de cambiar, sin embargo. No hay nada más que excavar un poco y se encuentra una mezcla de agua y sal rica en depósitos de litio, el metal más ligero del mundo.
Igual que la invención de las cubiertas neumáticas convirtió el caucho en una materia prima de gran valor en el siglo XIX, se espera que la tendencia hacia las tecnologías verdes haga lo mismo por el litio en el siglo XXI. Durante años, se han empleado pequeñas cantidades en ordenadores portátiles y otros aparatos, pero en la actualidad se espera su uso masivo en baterías de automóviles eléctricos, el esperado sustituto de los vehículos movidos con gasolina y gasóleo.
Es una magnífica noticia para Bolivia. Se cree que el país atesora 5,4 millones de toneladas de litio, la mitad de las existencias mundiales. «El litio es de capital importancia para nosotros y para el mundo», ha declarado el ministro de Minería y Metalurgia de Bolivia, Luis Alberto Echazú. «Tenemos la esperanza de extraer 1.200 toneladas el próximo año, y eso no es más que el principio. Cuando alcancemos el pleno funcionamiento, estaremos produciendo del orden de 10 o 15 veces esa cantidad», añade el funcionario boliviano.
En el Salar de Uyuni se han abierto ya cuatro pozos y se está construyendo una planta piloto de propiedad pública cerca de la aldea de Río Grande, al borde del desierto. Hay un problema, sin embargo. El Gobierno de Bolivia tiene la costumbre de enfrentarse con las multinacionales extranjeras en otros sectores productivos y todavía no ha cerrado ningún acuerdo con los inversores de fuera que necesitan proveerse de cantidades importantes de litio.